Sexualidad en la Adolescencia<object width=”480″ height=”385″><param name=”movie” value=”http://www.youtube.com/v/P-1BASpWK8Y?fs=1&amp;hl=en_US”></param><param name=”allowFullScreen” value=”true”></param><param name=”allowscriptaccess” value=”always”></param><embed src=”http://www.youtube.com/v/P-1BASpWK8Y?fs=1&amp;hl=en_US” type=”application/x-shockwave-flash” allowscriptaccess=”always” allowfullscreen=”true” width=”480″ height=”385″></embed></object>
La adolescencia es una etapa más en el ciclo vital de crecimiento y desarrollo de la persona. Situada entre el final de la infancia y el principio de la edad adulta, es una época de transición en la que se producen grandes cambios físicos, psíquicos, emocionales, intelectuales y sociales hasta formar a la persona adulta joven.

Estos cambios no se producen necesariamente de forma súbita, sino que tienen relación con la historia evolutiva y de desarrollo del niño, con las influencias familiares, sociales y de entorno en general que ya estaban presentes en la infancia.

Esta etapa se desarrolla a lo largo de varios años, hay un cierto acuerdo en situarla en las chicas de los 10-11 años a los 18 y en los chicos de los 12-13 a los 20. Sin embargo, hay una amplia y normal variabilidad, tanto en el inicio como en la finalización. Actualmente en las sociedades más desarrolladas se observa como se alarga el período de la adolescencia, ya que su finalización tiene que ver con la adopción de los nuevos roles y responsabilidades sociales, como la entrada en el mundo laboral, la finalización de estudios obligatorios y universitarios, la adquisición de responsabilidades familiares, etc. Por eso algunos autores alargan la adolescencia hasta los 24 años. En este contexto, se considera adolescencia el período vital comprendido entre los 12 años y los 18.

La adolescencia está marcada, pues, por dos grandes procesos, uno proceso biológico, que es universal y marca la diferenciación con la infancia, y un proceso psicosocial, que marca la diferenciación con la vida adulta. Éste último está sometido a muchas diferencias según los diversos entornos sociales: sociedades diferentes, entornos rurales o urbanos, incluso dentro de la misma sociedad según las oportunidades sociales y económicas que tengan los adolescentes. No se puede hablar de una sola adolescencia sino de varias adolescencias.

La adolescencia es una etapa de cambio, llena de nuevas posibilidades para el propio adolescente y el entorno que lo rodea. Como en todo cambio, también se convive con un cierto grado de desorientación e incluso de crisis para orientar la búsqueda de identidad personal, de exploración del mundo y de los límites en la utilización de la libertad; una etapa que pone a prueba las habilidades de los adolescentes y los padres, y los modelos sociales; etapa de descubrimientos y de obertura al mundo, no exenta de riesgos. Es un período de retos para padres, hijos y sociedad, en que se sigue necesitando tanto la aceptación, el cariño y el apoyo de los padres como su tutelaje y conocimientos.

Durante la adolescencia los cambios pasan por la transformación del cuerpo, la transformación de la identidad individual y la transformación de la identidad social. Por eso, en esta edad tampoco no se puede desatender el cuidado de la salud, entendiendo que ésta comprende no sólo los aspectos físicos sino también los psicológicos y sociales. Este cuidado pasa por una circunstancia paradójica: por una parte, lo tienen que mantener y garantizar los padres; por otra, se tiene que transmitir a los hijos adolescentes, negociando los límites y los márgenes de cuidado que cada uno va adquiriendo. Es recomendable que los padres sigan tutelando, ya sea para corregir, reforzar o alentar a los hijos adolescentes en las nuevas responsabilidades de cuidado de la salud y de responsabilidad en su propia vida que los adolescentes tienen que ir asumiendo.

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